Ser diferente para ser el mejor
Hace casi un siglo, en un mercadito semanal de un pueblecito de un valle Asturias, un niño de 11 años tenía que atender solo por primera vez su pequeño puesto de algunos productos de su granja. Su padre había caído enfermo la semana pasada y no podía bajar al valle, por lo que nuestro pequeño amigo se tuvo que encargar de todo esa semana.
Lo cierto es que en su casa no había mucha variedad de productos para vender, pero ese día tenía unos huevos de gallina especialmente hermosos. Los preparó entre pequeños balines de paja para que permaneciesen calentitos y la presentación los hizo parecer aún más apetitosos. Como su puestecito era pequeño, estaba un poco alejado de la zona más bulliciosa de la plaza del pueblo y él, con 11 años, era un poco bajito para su edad, creyó que para vender un poco más tenía que hacerse conocer y comenzó a vocear “Huevos frescos, huevos frescos, los mejores huevos frescos de la montaña….”
Lo cierto que es que consiguió llamar la atención de algunas mujeres que pasaban por la zona. Una de ellas, la hija del boticario del pueblo, le pregunto “¿Por qué son los mejores?” a lo que nuestro pequeño amigo contestó “Mis gallinas comen trigo silvestre de la montaña. Que saben vuesas mercedes que es el mejor alimento para ellas. Dan unos huevos hermosos y que muchas veces, tienen dos yemas”
La hija del boticario y otra mujer compraron algunos. Y lo cierto es que cuando los comieron pensaron que eran huevos grandes y sabrosos.
Durante ese mes, el padre de nuestro amigo no se pudo reponer, con lo que el pequeño bajó semanalmente y repitió su frase cada día de mercadito “Huevos frescos, huevos frescos, los mejores huevos frescos de la montaña….” La hija del boticario siguió comprándole el genero y algunas mujeres del pueblo se sumaron a la adquisición de los huevos de gallina, que envueltos en paja, permanecían frescos y sabrosos.
Cuando al mes siguiente el padre del pequeño se repuso, se quedo muy sorprendido cuando bajó al valle. Una mujer al verle de dijo a otra: “Anda, mira ahí viene el de la casa que tiene las mejoras gallinas ponedoras de la montaña…” El padre del pequeño se rascó la cabeza pensativo. Y eso que el siempre iba al mercadito para intentar vender tocino….
Este breve cuento nos sirve para entender que nuestro negocio siempre ha de diferenciarse del resto de la competencia. Probablemente otros puestecitos del mercado del pueblo tenían huevos de gallina que comían lo mismo que las gallinas de la casa de nuestro pequeño amigo, posiblemente los huevos serían también hermosos y sabrosos, pero no se habrían diferenciado por esa característica de cara a la demanda. Al cabo del tiempo, la imagen de marca que el protagonista de nuestra historia estaba creando para sus productos, se extendería entre sus compradores actuales y potenciales, siempre y cuando la calidad o característica que estuviese poniendo de relieve fuese realmente la anunciada.
Todos hemos internalizado qué detergente lava más blanco, qué pizzas son sanas y las de casa de toda la vida, cual es el turrón más caro del mundo o que bombones son la expresión del buen gusto. Defina qué característica de sus productos o servicios quiere hacer que diferencie a su negocio, potenciela y anunciela al mercado.
Sea siempre diferente para ser el mejor.



Alfonso dijo,
9 Diciembre, 2008 @ 11:05 am
Yo añadiría una cosa más. Y es intentar afinar aún más y que esa característica sea una de las que más interese a los clientes reales y potenciales. No elijamos una característica que sea cierta, pero que no pese a la hora de seleccionar nuestro producto frente a la competencia. Para eso hay que conocer al cliente y sus gustos, y estudiarles periódicamente.
3ciram dijo,
9 Diciembre, 2008 @ 10:02 pm
Una apreciación muy interesante Alfonso!!. Sin lugar a dudas escuchar al cliente es fundamental en la diferenciación.
Relacionado con esto, os recomiendo la entrada en este mismo blog, “El cliente, mi mejor asesor”