De victoria en victoria hasta la derrota final

En 1810, justo antes de una importante batalla en Europa, el Mariscal de Campo, con mando sobre fuerzas de varios países, decidió revisar el estado de una sección de sus tropas de avanzadilla, que le habían sido asignadas. El objetivo era comprobar si la estrategia que se había definido para la contienda era la adecuada.

Solicitó información a los artilleros austríacos, sobre el número de cañones en uso y estado general de los soldados. El General que comandaba esta sección informó al mariscal que se encontraban preparados y que los efectivos eran 500 hombres y 100 cañones. En realidad aproximadamente un centenar de hombres estaban enfermos de disentería, pero el General estaba dispuesto a sacarlos a rastras de sus camastros para que participasen en la batalla.

El jefe de cañoneros había estado revisando durante la última semana el estado de las piezas de artillería. En realidad de los 100 cañones, unos 20 estaban prácticamente inservibles, pero había conseguido, utilizando las piezas de unos y de otros, lograr recuperar 7 de ellos. El jefe de los cañoneros estaba bastante satisfecho, porque los otros 13 cañones desmontados podrían servir para reparar los restantes 87. Había informado al General sobre el estado de los cañones una semana antes, cuando se había realizado el recuento inicial, pero no había tenido la oportunidad de actualizar la información. Sin embargo la diferencia entre 100 piezas y 87 tampoco le pareció de gran importancia.

El Mariscal de Campo solicitó información a la sección de caballería. El comandante en jefe de dicha sección le informó que unos 1000 caballos, con sus respectivos jinetes, estaban dispuestos para la batalla. No consideró importante informar al Mariscal de que aproximadamente la mitad de sus efectivos eran caballos de labor, normalmente dedicados a trabajos en el campo. Después de todo ¡¡eran caballos!! Además, el comandante esperaba un próximo ascenso y pensó que esa información, que en realidad no tenía importancia, podría suponer un absurdo obstáculo en su carrera, por no haber conseguido un mayor número de equinos entrenados militarmente.

Finalmente el Mariscal requirió el informe de la infantería. El Capitán de Infantería del III Regimiento informó que 5000 hombres estaban listos, equipados y dispuestos para el combate. Omitió, pues no consideró que fuese un dato de interés, que la mitad de los hombres eran levas movilizadas para el combate, milicianos y hombres sin experiencia militar. Después de todo, eran hombres valientes, bien pagados y motivados para el combate.

El Mariscal sonrió satisfecho ante todos los datos recibidos. La estrategia que había establecido con su estado mayor era perfecta para el tamaño de su ejército.

Cuál fue su sorpresa cuando el ejército contrario arrasó sus contingentes como una riada se lleva las presas de los castores….El Mariscal de Campo, que sobrevivió a la batalla, nunca pudo entender que había sucedido.

¿Le ayudamos a analizar cuál fue el problema?

Es fundamental, cuando se solicita información para establecer una estrategia, que los parámetros de la misma estén correctamente definidos. Es decir, número de cañones HÁBILES, número de caballos CON ENTRENAMIENTO MILITAR, número de soldados de infantería MILICIANOS. Esto evitará malentendidos en la composición de la información, pero también que los datos manejados puedan ser susceptibles de interpretación.

Estos mecanismos de control de información, no se implementan por presuponer la mala intención de los responsables de cada sección a la hora de aportar datos, sino para acotar al máximo las desviaciones entre dicho dato y la realidad que nos permite adecuar la estrategia a la situación de nuestros recursos.

Así mismo, la organización debe premiar que cualquier responsable del dato levante la bandera ante un previsible riesgo, lo que permitirá establecer un plan de contingencia adecuado: Un centenar de artilleros están enfermos de disentería. Tenemos 87 cañones hábiles. De estos, 7 se han reparado con piezas de otros. La mitad de caballos y de soldadera no cuentan con un adecuado entrenamiento militar…. Con esta información, el Mariscal habría tenido tiempo suficiente como para establecer una estrategia distinta que le permitiera ganar la batalla.

La otra alternativa nos lleva a ir consiguiendo victorias ficticias, una por una, hasta el desastre y la derrota final.

¿En tu negocio o en tu empresa te has encontrado con este tipo de situaciones? ¿Qué mecanismos de control has implementado para solucionarlo?

2 Comentarios »

  1. José Luis dijo,

    16 Abril, 2009 @ 2:30 pm

    Me parece muy interesante, sobre todo por su contenido.

    te animo a seguir enriqueciendolo y si quieres puedes contar conmigo.

    Me lo voy a poner en mis favoritos.

  2. Cuando el bosque no te deja ver el árbol dijo,

    19 Abril, 2009 @ 9:25 pm

    [...] sabía de la desafortunada historia de nuestro Mariscal de Campo en las Guerra Napoleónicas (Ver De victoria en victoria hasta la derrota final, en este mismo [...]

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