Por qué sé que mi vecina de 16 años será una gran empresaria

Un proceso completo de Detección de Necesidades y Campaña de Marketing. Eso es lo que ha realizado mi joven vecina con servicios muy sencillos, al alcance de su edad. Os resumo parte de uno de sus anuncios, para que comprobéis a qué me refiero: “Chica estudiante de 16 años se ofrece para cuidar niños por las tardes, medias noches y fines de semana. También puedo dar clases de primaria y sé cocinar. Soy muy responsable y tengo muchas ganas de trabajar”

Quizás os parezca un mensaje sencillo que no llamaría la atención, pero todo lo contrario. Mi vecina se ha dedicado a distribuir hojas con esta información, su contacto y un dibujo de unos balones de varios colores, en la cabecera de la página (obtenido por impresora tradicional) por las zonas donde ha pensado que habría más niños: Por ejemplo, el parque frente a mi casa. El llamativo dibujo hace que frenes frente a él (delante de la farola donde ha quedado colocado) para leer su contenido. Y si lo lees detenidamente te encuentras con:

- Una chica de 16 años: No sé que habrá impulsado a mi vecina a encontrar un trabajo, pero imagino que con la crisis actual, todos los miembros de la familia tienen que participar en la economía familiar.

- Cuidar niños: Tras un análisis del mercado de mi barrio, mi vecina ha detectado una necesidad creciente entre las jóvenes parejas: una nanny para sus niños cuando los padres están trabajando o cuando salen por algún compromiso.

- Tardes/medias noches/fines de semana: Respondiendo a las preguntas ¿Cuándo puedo ofrecer yo el servicio? ¿Cuándo lo necesitarían mis clientes?

- Aviso a navegantes: Puedo dar clases de primaria (con lo que podría ayudar a los niños con los deberes) y sé cocinar (con lo que puede hacer la merienda o cena, en caso necesario).

- Y para acabar el colofón: Soy muy responsable y tengo muchas ganas de trabajar (quitémonos por tanto de la cabeza una cría de la generación Nini).

Y no solo eso, también en el parque y en la zona por la que se pasea a los perros en el barrio, mi vecina se ofrece, con otro cartel con colores, como paseadora de perros por horas.

¿Qué proceso ha realizado mi joven vecina? El que grandes empresas efectúan constantemente en el mercado:

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Experiencia es el nombre que damos a nuestras equivocaciones (Oscar Wilde)

En la Edad Media, para poder transportar más producto en el mismo espacio y mejorar su conservación, los mercaderes hervían el vino, para evaporar el agua, que volvía a ser añadida tras el viaje. Cuando en el siglo XII, uno de estos avispados comerciantes decidió evitar este último paso, se creó una nueva bebida conocida como Brandy (del holandés brandewijn; “vino quemado”). Posteriormente se descubrió que si se almacenaba en barriles de madera, la bebida mejoraba considerablemente comparada con el vino original.

En 1839, Charles Goodyear derramó por accidente una mezcla de azufre y caucho sobre una estufa caliente. Cuando comprobó las propiedades de la mezcla, tuvo que vender su idea por falta de capital a Frank Seiberling, que comenzó a desarrollar industrialmente la vulcanización del caucho, proceso básico en la creación de neumáticos.

En 1879, Constantine Fahlberg, que investigaba el alquitrán de hulla, líquido excelente como recubrimiento anticorrosivo, descubrió que una de sus muestras contaba con un sabor dulce especial. Su hallazgo fue la base para la creación de la sacarina, edulcorante artificial en sustitución del azúcar.

En 1895 Wilhelm Röntgen vio los huesos de su mano proyectados en la pared, al experimentar con la radiación que producía un chorro de electrones chocando con una placa de metal. Por casualidad había descubierto los Rayos X.

A principios del siglo XX, el ingeniero textil suizo, Jaques Brandenberger, cuando estaba sentado en la mesa de un restaurante, vio como un comensal había derramado el vino y manchado completamente el mantel. Volvió al laboratorio, intentando descubrir una tela con una capa trasparente que la volviera impermeable. Aunque hizo muchos experimentos, el resultado siempre fallaba, pues la tela quedaba tiesa y quebradiza. Brandenberger se dio cuenta de que la capa impermeable podía utilizarse sola y en 1908 desarrolló una máquina que producía láminas trasparentes, que comenzaron a llamar celofán.

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